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02/01/17 Moorea, Polinesia

Después de nuestro viaje de más de 60 horas llegamos a Tahití, donde pasamos poco más de un día y dos noches y a donde volveremos después de visitar otras 5 islas. Por ello dejamos Tahiti para el final y comenzamos por Moorea, isla vecina de Tahiti a la que se llega en un ferry de 45 min. O un vuelo escénico de 10 min. Nosotros llegamos en un vuelo porque compramos un ’pass’ que tiene un precio cerrado y permite poner las islas que quieras siempre que no vuelvas a aterrizar en algún aeropuerto en el que ya hayas aterrizado.

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Nuestra primera impresión es que aquí todo es carísimo. La cesta de la compra en el supermercado puede llegar a valer el triple que en España. Los servicios como los taxis, restaurantes, etc. también muy caros. Por ello, al llegar al aeropuerto decidimos hacer dedo para ir a la casa de Airbnb que hemos reservado. Como vamos con todo el equipaje tardan algo en cogernos, pero al final unos jovencitos en un minicoche nos llevan. Un chico en su bici nos amenizó la espera.

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La tarde que llegamos hicimos poco más que unas compras en el supermercado y echarnos a dormir. Tenemos un cambio horario de 11 horas, y eso se nota muchísimo . Estos días nos acostamos muy pronto y nos levantamos sobre las 5 o las 6 de la mañana. El plan para el día entero es alquilar una scooter de 50cc y nos vamos a dar una vuelta alrededor de la isla. Por su aspecto nos trae muchos recuerdos de la isla Reunión, en el Índico, no muy lejos de Madagascar. Montañas relativamente altas con pendientes muy fuertes en las que crece una selva de árboles que no sabemos como se sujeta.

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En el lado norte en una zona entre dos marcadas bahías, sale una carretera hacia un mirador desde la que vemos plantaciones de piñas tropicales y una bonita vista de las bahías y la montaña que las separa.

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Al bajar a la costa entramos a un supermercado y en la salida nos encontramos a una persona muy peculiar. Tiene cara de hombre pero cuerpo de mujer, llevando una especie de sujetador. No se si nos equivocamos, pero creemos que se debe a una tradición polinesia en el que el primer hijo se espera que sea mujer, y si no lo es se le educa y viste como tal, haciendo este papel toda su vida. No es el primer hombre que vemos en este rol.

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Continuamos rodeando la primera bahía por estos paisajes que nos encantan.

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Hasta que llegamos a una playa pública en la que nos damos un buen baño y fotografiamos a los primeros peces de los muchos que encontraremos en estas islas.

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Continuamos nuestra vuelta, donde nos cae un chaparrón del que apenas nos pudimos guarecer, con la misma tónica de verdes montañas.

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La moto estaba alquilada por 24 horas y tenía que devolverla a las 7:30, pero como nos despertamos tan temprano, aprovecho para repetir alguno de los paisajes que el día anterior estaban nublados.

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Hoy tenemos solo medio día disponible, porque esta tarde volamos a la siguiente isla. Salvo en Bora Bora que tenemos 5 días, solo pasaremos un par de días en el resto de las islas que vamos a visitar. Para el medio día que tenemos hemos contratado la visita a un ‘Motu’ que es el nombre de las islas más pequeñas que se sitúan rodeando a la isla principal y que forman parte del mismo arrecife de coral. Este arrecife genera una zona de aguas poco profundas que es una especie de laguna de aguas verdes, turquesas, azules celestes y mil colores más, que aquí se conoce como ‘lagoon’. Y si la tierras de por aquí son bellas, los lagoons son increíbles.

Bueno, el caso es que esta mañana nos vamos a un pequeño motu llamado Motu Ahi en el que aparte de unas cabañas para cambiarse y descansar, se dedican a dar comida a los peces, lo que hace que a las horas de alimentación, las 11 y las 14:30 se arrime una cantidad enorme de peces, entre los que destacan pequeños tiburones de aleta de punta negra, que raramente superan los 1,5 m y rayas.

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Cuando nos metemos al agua vemos mucho coral y mucha vida a su alrededor.

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Una cosa que nos sorprende es que los peces no se asustan de las personas. Incluso una raya se deja tocar por Auxi.

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Cuando llega la hora de alimentar los peces todos estamos expectantes.

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Y efectivamente cuando empieza, es la locura, los peces acuden y se amontonan.

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El que los alimenta se agarra a la cabeza de una raya que lo lleva casi volando de un sitio a otro.

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Y por supuesto aparecen los tiburones.

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Pasan tan cerca que casi se pueden tocar.

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En fin, toda una experiencia. Sabemos que con los animales salvajes se debe intervenir lo menos posible, que se alteran sus pautas de comportamiento y que cuando se deja de alimentarlos es un problema porque su conducta va cambiando. Nos consolamos pensando en que la alimentación artificial es realmente pequeña, desde luego muy pocos kilos de sardinas, y que ninguno vive de lo que se le da, que deben seguir cazando, o al menos eso queremos creer ...

Como volamos poco después del mediodía, debemos dejar el motu. Su belleza no sólo está bajo el agua, sino también por encima.

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En el aire le damos el último adiós a la isla. A lo mejor es un hasta la vista …

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13/12/16 Madrid

Como expliqué en el post anterior, después de Chile nuestro siguiente objetivo es la Polinesia Francesa, pero dimos un rodeo para visitarla, en vez de volar directamente allí desde Santiago de Chile hemos encontrado, sorprendentemente, una vía más barata haciendo un Santiago → Madrid → Londres → Los Angeles → Tahiti. Cosas de las compañías aéreas.

Bueno, nosotros también forzamos un poco el cambio. Así podíamos visitar a familia y amigos y cerrar algunas cosas que habían quedado pendientes en Madrid. A la llegada a Madrid se nos amontonaban las sensaciones. Esperábamos pasar 15 días entre familiares, amigos, algunas compras y tiempo para descansar. De descanso nada. Los primeros días entre el cambio de horario y un montón de tareas, no alcanzaba a tener ni 5 horas para dormir. Luego conseguí dormir un poco más pero no mucho y los días han pasado frenéticamente sin tiempo para nosotros. De hecho, muchas de las compras las hicimos el último día a toda prisa presionados por el horario de cierre de las tiendas.

No obstante ninguna queja, porque disfrutamos de familia, aunque poco tiempo.

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De amigos y compañeros.

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Ha sido una maratón de visitas, comidas y cenas compartidas con muchas personas a las que apreciamos y queremos y otras tantas a las que no pudimos ver. Nos sentimos queridos y queremos a tanta gente que quince días saben a muy poco. Ha sido una sensación rara, a los tres o cuatro días de estar en casa parecía que el viaje era algo lejano, del que los recuerdos siguen muy vivos pero muy atrás en el tiempo. Es difícil de describir. Aunque no volvimos a nuestra rutina diaria, parecía como si casi no hubiéramos salido de Madrid. ¡Qué horror! Esperamos que a la vuelta del viaje la sensación sea distinta.

Otro evento al que llegamos en estos días es a la gira de la Malagasy Gospel en Madrid. La Malagasy es una coral de niñas de Madagascar de entre 12 y 16 años salvo Florance y Harris que cantan su música profundamente africana con una energía y entrega que ponen los pelos de punta. No nos cansamos de oírles cantar. Además este año era un evento especial. Hubo dos conciertos en el superrecinto de la Caja Mágica, en la que la Malagasy Gospel compartía escenario con 60 corales. A este evento se le ha llamado 1.000 voces y es mucho más que la suma de mil energías.

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Si los conciertos nos gustaron, más nos gustó el reencuentro con nuestros amigos de Madagascar, los voluntarios de España y otro montón de amigos que encontramos como espectadores en el concierto ¿Se puede pedir más?

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Bueno si, otro concierto en Torrelodones, mucho más íntimo y más en la esencia de la Malagasy.

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Nochebuena, Navidad, todo transcurre en un abrir y cerrar de ojos. Rehacemos las maletas, que no llegaron a deshacerse completamente en estos 15 días y nos vamos a las 9 de la mañana Carlos y Antonio nos despiden en el Aeropuerto.

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Llegamos con tres horas de antelación, pues al tener que pasar por EEUU los controles se multiplican. Facturamos, vamos a la puerta, nos anuncian retraso por niebla de tres horas y nos vamos a una sala de espera. No quitamos el ojo ni a los avisos ni a los teleindicadores. Antes de las tres horas el avión ha salido sin ningún aviso. Esto es una pesadilla. Vamos a los mostradores de Iberia, todo parece complicadísimo. Al final uno de los empleados de ventas nos ayuda un montón y conseguimos otro billete para Londres. Los otros enlaces perdidos, incluso aunque hubiéramos volado en el vuelo inicial. En Londres a las 11 de la noche nadie para atendernos. Al final un empleado de British nos entrega un folleto en el que se nos indica que podemos gastar algo en taxi, hotel y comida por nuestra cuenta y luego reclamarlo a la compañía. Total que nos acostamos a la 1 y nos levantamos a las 5. Aeropuerto de Heatrrow a las 6 y allí una larguísima cola para atender las reclamaciones por los enlaces perdidos. Varios empleados con tablets toman nota de cada uno de los que estamos en la cola. A muchos les resuelven directamente el enlace. Con nosotros no pueden porque uno de nosotros no aparece en el tablet, tenemos que esperar la cola para ser atendidos en un mostrador. Los empleados del Aeropuerto reparten agua y snacks para los que esperamos.

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Incluso han repartido por la noche aislantes y mantas para dormir en el suelo, sorprendente. Después de una cola de tres horas llegamos al mostrador. Se arregla todo y volamos a Los Angeles con British. Hemos perdido 24 horas.

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Llegada a Los Angeles y entrada a EEUU relativamente fácil, con lo pesado que suele ser, parece que las cosas se van arreglando.

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Al final el vuelo a Tahiti se retrasa un par de horas. Nochevieja en el aeropuerto. No es lo mismo que en casa, ni uvas, ni llamadas, casi nada de nada. Nosotros juntos y nada más.

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Al final sale el vuelo a Tahiti y llegamos por la mañana del día 1. Con la diferencia horaria, han transcurrido más de 60 horas desde que salimos de casa. Pero el calor tropical de Tahiti y el Hukelele del grupo que recibe a los pasajeros en el aeropuerto, nos quitan las penas y celebramos haber llegado después de tanto problema. A ver si British paga los gastos, ya os contaremos ...

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07/12/16 Santiago de Chile

Santiago de Chile es nuestra última etapa en Sudamérica. Se encuentra entre la costa y las cumbres más altas de los Andes, relativamente cerca del coloso Aconcagua al que le faltan sólo unos pocos metros para tener 7.000 m de altura.

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Es una ciudad con algunos edificios muy reconocibles, como la casa de la moneda que fue asaltada para derrocar (y asesinar) al presidente constitucional del país Salvador Allende que tiene ahora una estatua cerca de ella.

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También visitamos la Plaza de Armas, que es el equivalente de nuestras plazas mayores. Encontramos mucha actividad en la plaza y alrededores.

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Santiago es una ciudad grande, tiene 6 millones de habitantes. Con grandes avenidas, edificios y parques.

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Aunque no tuvimos una sensación de peligro, todo el mundo nos advertía de que hay mucha inseguridad. Dentro de la ciudad hay dos colinas, Santa Lucía y San Cristóbal. El primero es un agradable parque con bonitas vistas de la ciudad. Llaman la atención las enormes montañas que hay sobre Santiago, con hasta 6.000 m de altura. Es una pena que la casi permanente nube de contaminación no deje verlas en todo su esplendor.

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Visitamos el museo de Bellas Artes, que es gratuito, y tiene bonitas exposiciones. Nos encantó la de las fotografías de indígenas del sur.

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También disfrutamos de la visita al mercado de Tirso de Molina, con una fruta riquísima y a muy buen precio, y la zona de comidas de la planta superior, que era barata y absolutamente local.

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De lo mejor que nos pasó en Santiago fue encontrarnos con amigos. Por un lado Paco, almeriense al que conocimos en Madagascar en el 2007 como voluntario de larga estancia de la Fundación Agua de Coco, y Valeria, chilena a la que conocimos como voluntaria de una gira de la Malagasy Gospel en el 2010. Que alegría encontrarlos juntos aquí Risa1p

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Por otro lado también nos encontramos con Lisandro y Alex, una pareja de couchsurfers que estuvo alojada en casa este año. Nos enseñaron muchos rincones de la ciudad. Gracias Risa1p

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Aunque nuestro siguiente objetivo es la Polinesia Francesa, vamos a dar un rodeo para visitarla, en vez de volar directamente allí desde Santiago de Chile hemos encontrado, sorprendentemente, una vía más barata haciendo un Santiago → Madrid → Londres → Los Angeles → Tahiti. El único inconveniente es que no había plazas baratas para volar juntos Auxi y yo desde Santiago a Madrid y ella vuela el 10 de diciembre, mientras yo lo hago el 13. Para esos días, después de dejar a Auxi en el aeropuerto, me pillo un cochecillo y me subo a hacer un poco de montaña. Que sensación de soledad tener lejos a Auxi después de estar más de 5 meses juntos todo el día. Es una suerte que nos llevemos tan bien ¡Que maravilla! Risa1p

Después de indagar varias opciones, decido ir hacia un marcado valle que se llama el Cajón del Maipo. El valle acaba en la frontera con Argentina, Baños Morales es la última localidad del valle salvo algún campamento minero que hay valle arriba.

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En la carretera la primera sorpresa es encontrar a bomberos pidiendo dinero con una hucha. Le pregunto para qué piden dinero y me dicen que para cambiar la bomba de agua que es muy vieja. Sorprendente. Luego los paisajes del valle que poco a poco se va cerrando. Aquí todo es mayúsculo.

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Sin tener muy claro el objetivo, aparco en un lugar llamado el Cabrerío y encuentro a unos montañeros que me dicen que por el Valle de la Gorda se accede a un camino que sube a un refugio a unos 3.000 m que se usa como base del volcán San José, de casi 6.000 m. Decido ir hacia allá, afortunadamente me cruzo con más montañeros que me describen mejor el camino y después de poco más de una hora andando monto la tienda en el Valle de la Gorda. El cielo está muy cubierto y no se ve nada, espero que mañana haga mejor día.

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Afortunadamente el día amanece azul, la tienda algo escarchada y las montañas que me rodean brillantes.

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Una subida cómoda me lleva al refugio. Ya tengo las primeras vistas del coloso volcán San José y en el refugio me encuentro con David. Me aconseja subir al Josecito, que se ve detrás de la foto del refugio.

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Unos pajarillos hambrientos y atrevidos se muestran muy fotogénicos.

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Desde el Josecito tengo amplias vistas hacia cualquier lado.

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Desde allí puedo ver el pico San Francisco, que tiene un espolón de roca en el lado izquierdo. Debajo de este se ve la parte superior del glaciar colgado que también se llama San Francisco. Ahí iré mañana. El ancho valle por el que se accede y que también se ve en la foto se llama Valle de las Arenas.

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Último vistazo al San José y al refugio antes de bajar.

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Vuelta hacia el Valle de la Gorda.

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Y ya con el coche de nuevo bajo a Baños Morales a por una buena comida. El valle es un libro de geología, y aunque en las fotos no se ve bien, las rocas son de una gama de colores tremenda. Uno ya está acostumbrado a ver colores, sobre todo rojos de los óxidos de hierro, pero es que aquí destacan unos verdes intensos del óxido de cobre que abunda en el país. También tengo una vista más lejana del San José.

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Al atardecer subo de nuevo, esta vez por el Valle de las Arenas y vuelvo a montar la tienda. Esta vez si tengo visibilidad total.

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Amanece otro día despejado y con viento en las cumbres. La subida más corta que la de ayer con grandes vistas.

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Hasta llegar a la laguna formada por el glaciar. Una imagen vale más que mil palabras ...

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Mi intención inicial era bajar al valle principal a encontrarme con otro gran glaciar que lo encabeza y cerrar el bucle hasta la tienda de campaña. Pero por la mañana descubrí que por el camino había perdido el sombrero (sin Auxi soy un desastre y lo pierdo todo) y preferí volver por el camino de subida y preguntarle a la gente con la que me cruce si lo han visto, aunque tengo pocas esperanzas, pues después de montar la tienda bajó un grupo de más de 10 personas que casi seguro que lo encontró y se lo llevó Risa1p

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Reencuentro con la tienda y bajada del valle, el sombrero no aparece pero el entorno sigue siendo magnífico.

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Fin de la primera etapa y regreso a España, parece mentira todo lo que dejamos detrás.

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29/11/16 Región de los Lagos 2

En la región de los lagos hicimos un par de actividades más. La primera de ellas fue reencontrarnos con la carretera Austral que tanto nos gustó y que habíamos abandonado para recorrer la isla de Chiloé. La Carretera empieza en la Ciudad de Puerto Montt, que se nos hace enorme después de recorrer una zona tan despoblada.

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Volvimos a carreteras de ripio, fiordos e iglesias de madera, como la de Ralun. También reencontramos pueblos con encanto …

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… y los paisajes que nos gustan, montañas, ríos, bosques.

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También árboles tallados por el viento.

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Cuando volvíamos a subir hacia el norte pasamos por una aldea pesquera en plena actividad.

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Limpiaban y organizaban sus capturas de merluza negra o austral.

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Aquí volvimos a encontrar un cementerio completamente colorido y cuidado.

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Esta zona es también conocida por sus alerces milenarios, árboles de los que se obtienen las tablas rectangulares con las que cubren las paredes y tejados de las casas tradicionales. Cada vez quedan menos ejemplares.

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También tuvimos que embarcarnos en algún ferry debido a las discontinuidades de la carretera Austral.

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Al final hemos recorrido casi toda esta carretera, pero demasiado rápido. Nos han quedado ganas de repetir, quizás en la jubilación …

Al norte de Puerto Montt se encuentra la ciudad de Osorno. Cuya catedral colapsó por un gran terremoto y que ha sido reconstruida con un estilo modernista.

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Desde allí iremos hacia la costa del Pacífico, a Bahía Mansa y a las playas que la rodean. El ambiente rural y bucólico.

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También zonas rocosas batidas por las olas.

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Y una actividad constante para obtener los productos del mar como la recolección de algas que se llevan los ‘japoneses’ para elaborar cosméticos.

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O pequeñas embarcaciones para la captura de los mariscos del lugar, en donde destacan las centollas y los ‘locos’.

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Los ‘locos’ son una especie de lapas, pero de mayor tamaño y ricos, ricos Risa1p Paseando junto al puerto de Bahía Mansa nos encontramos con Cristina, que tenía abierto su ‘carro Tito Min’ en el que vende sus deliciosas empanadas de locos. Estuvimos de charla con ella un buen rato y nos dejó fascinados. Resulta que estaba esperando a un equipo de TV, pues tiene fama de hacer las mejores empanadas de la región. Ella dice que la entrevistan con frecuencia radios y televisiones. Desde luego estaban riquísimas. Lo sorprendente fue que además no nos quiso cobrar las empandas, nos quedamos sorprendidos de su sencillez, amabilidad y filosofía. Dice que, de una u otra manera, todo lo que se da termina por volver. Gracias Cristina.

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29/11/16 Región de los Lagos 1

En la región de los Lagos volvemos a quedarnos solos Risa1p Decidimos alquilar un coche pequeño y recorrer las zonas que rodean a Puerto Montt. Básicamente visitamos tres zonas, por un lado desde la ciudad arranca la carretera Austral y vamos a hacer los primeros 100 Km. Que es lo que se puede completar sin tomar un ferry largo. Por otro lado visitaremos dos de los grandes lagos, el de Llanquihue con el volcán Osorno encima y el de Todos los Santos. Finalmente saltaremos a la costa del Pacífico visitando Bahía Mansa.

Los Lagos. Empezamos yendo a Puerto Varas, lugar que nos habían recomendado muchísimo como lugar de turismo de referencia. Tiene unas magníficas vistas del lago Llanquihue y de su icono que es el volcán Osorno y su figura cónica casi perfecta, pero a cambio es muy caro, casi elitista, y no se puede aparcar en ningún sitio sin pagar.

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Salimos corriendo hacia una pequeña población llamada Ensenada. Mejores vistas y más barato Risa1p a medida que vamos avanzando hacia ese lugar obtenemos diferentes vistas del volcán, seguimos teniendo buena suerte con el tiempo y se ve de maravilla.

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También vemos el volcán Calbuco, menos estético quizás pero con mucho más carácter en los últimos tiempos. Hace año y medio tuvo una erupción impresionante. Estuvimos hablando con un indígena Mapuche que regenta un local en la zona. Nos contó que no solo fue testigo directo de la erupción, sino que esquivó la evacuación y estuvo todo el tiempo en la zona. La descripción de los sucesos ocurridos nos pareció muy interesante. Pero lo que más nos impresionó es la historia de su familia. Al parecer vivían en la costa, en Bahía Mansa que visitaremos posteriormente, y que en torno a finales del XIX vino un barco para hacer esclavos. Sus abuelos que eran muy jóvenes junto a otros vecinos huyeron y se trasladaron hasta la Laguna de todos los Santos. Allí se establecieron y ahí existe un núcleo de población nativa, que además ahora es propietaria de sus terrenos de forma documentada, lo cual les permite vivir bien desde el boom del turismo. Oír contar estas historias en primera persona siempre deja huella.

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Llegamos a Ensenada y acampamos en un camping junto al lago. Las vistas por la mañana igual de bellas.

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Por la zona vamos a hacer una marcha que empieza en el lago de Todos los Santos. Para ir hacia ese lago se entra en el Parque Nacional Vicente Pérez Rosales y remontamos el cauce del río Petrohue, tan caudaloso como bonito.

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Llegamos a la entrada al lago desde donde se ve una montaña muy característica llamada Cerro Puntiagudo.

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También hay un lodge, las oficinas del Parque y el comienzo del sendero.

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Todo está cubierto de las recientes cenizas volcánicas de la erupción del Calbuco que en este caso tienen la consistencia de arena de playa y piedras pequeñas. La marcha no es cómoda.

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A medida que ganamos altura, vamos acercándonos al Osorno y vamos teniendo mejor vista del Lago de Todos los Santos y además empieza a aparecer en el horizonte el Cerro Tronador, de más de 3.000 m que hace frontera con Argentina y está muy próximo a Bariloche objetivo que se nos escapa porque no tenemos autorización de cruce de la frontera con este coche.

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Seguimos ganando altura y nuevas vistas, encontramos numerosos ciclistas de montaña.

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Lo que queda de camino no parece muy interesante, hace mucho calor y casi no tenemos agua. Así que desde un punto que debe distar poco del final y con una última vista próxima del volcán nos damos la vuelta.

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De regreso a Ensenada volvemos a pasar por el fascinante río Petrohue. En este caso también para beber sus aguas, refrescarnos los pies y maravillarnos de sus paisajes.

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También hay un lugar ‘imprescindible’ que son los saltos del Petrohue, pero han puesto una entrada de 8 dólares USA por visitante. Por las fotos que hemos visto es similar a los saltos que aparecen en las fotos de arriba. Por eso pasamos de verlo y de pagar la entrada. Nos parece una tomadura de pelo, y a mí ya me queda poco Risa1p

En el lago Llanquihue tuvimos una hermosa puesta de sol.

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Otra actividad bonita es rodear el lago con un paisaje verde intenso, al menos en primavera que es cuando estamos, con mucha actividad ganadera.

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Recalamos en Puerto Octay, pueblo fundado por alemanes con bonitas casas. Una de ellas el Hostal Triwe donde estuvimos muy a gusto.

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