La llegada a Raitaea prometía desde el principio. Al igual que la anterior, Moorea, es una isla de montañas escarpadas y cubiertas de un verde brillante. Un arrecife de coral rodea la isla formando un ‘lagoon’ de aguas azules y verdes que deslumbran.

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La visita a Raiatea ha sido sobre todo tranquila. Pasamos en ella dos días y uno fue prácticamente contemplativo y floral, con esas flores deslumbrantes que estamos encontrando, siendo algunas de ellas totalmente nueva para nosotros:

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Para el segundo día nos alquilamos un coche para dar la vuelta a la isla y ha sido una maravilla. Lo primero que encontramos fueron hermosas palmeras que se esparcen por toda la isla.

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También nos resultó curioso ver palmeras saliendo de los cocos.

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Hicimos una pequeña incursión por el interior de la isla.

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Pero es el mar que la rodea lo que más nos llama la atención.

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En la zona sureste nos encontramos con un conjunto de Marae que son unos lugares dedicados al culto y a eventos sociales de los polinesios. Este es uno de los mayores del archipiélago y tiene un nombre más que curioso: Taputapauatea casi impronunciable.

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A medida que vamos hacia el sur disminuye la población y aumenta la belleza.

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Y cuando empezamos a subir por el oeste se vuelve sublime.

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En estas islas tienen la costumbre de no dejar las embarcaciones sobre el agua, con esas ruedas enormes hacen la palanca suficiente para que entre dos personas puedan izar el barco.

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Estamos en época de lluvias, y la lluvia nos cayó varias veces en la isla, aunque casi nunca la fotografiamos, pero esta vez de salida en el aeropuerto, si. En general los aeropuertos pequeños, bonitos y supereficientes, no en vano tienen pocos vuelos.

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