Como expliqué en el post anterior, después de Chile nuestro siguiente objetivo es la Polinesia Francesa, pero dimos un rodeo para visitarla, en vez de volar directamente allí desde Santiago de Chile hemos encontrado, sorprendentemente, una vía más barata haciendo un Santiago → Madrid → Londres → Los Angeles → Tahiti. Cosas de las compañías aéreas.

Bueno, nosotros también forzamos un poco el cambio. Así podíamos visitar a familia y amigos y cerrar algunas cosas que habían quedado pendientes en Madrid. A la llegada a Madrid se nos amontonaban las sensaciones. Esperábamos pasar 15 días entre familiares, amigos, algunas compras y tiempo para descansar. De descanso nada. Los primeros días entre el cambio de horario y un montón de tareas, no alcanzaba a tener ni 5 horas para dormir. Luego conseguí dormir un poco más pero no mucho y los días han pasado frenéticamente sin tiempo para nosotros. De hecho, muchas de las compras las hicimos el último día a toda prisa presionados por el horario de cierre de las tiendas.

No obstante ninguna queja, porque disfrutamos de familia, aunque poco tiempo.

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De amigos y compañeros.

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Ha sido una maratón de visitas, comidas y cenas compartidas con muchas personas a las que apreciamos y queremos y otras tantas a las que no pudimos ver. Nos sentimos queridos y queremos a tanta gente que quince días saben a muy poco. Ha sido una sensación rara, a los tres o cuatro días de estar en casa parecía que el viaje era algo lejano, del que los recuerdos siguen muy vivos pero muy atrás en el tiempo. Es difícil de describir. Aunque no volvimos a nuestra rutina diaria, parecía como si casi no hubiéramos salido de Madrid. ¡Qué horror! Esperamos que a la vuelta del viaje la sensación sea distinta.

Otro evento al que llegamos en estos días es a la gira de la Malagasy Gospel en Madrid. La Malagasy es una coral de niñas de Madagascar de entre 12 y 16 años salvo Florance y Harris que cantan su música profundamente africana con una energía y entrega que ponen los pelos de punta. No nos cansamos de oírles cantar. Además este año era un evento especial. Hubo dos conciertos en el superrecinto de la Caja Mágica, en la que la Malagasy Gospel compartía escenario con 60 corales. A este evento se le ha llamado 1.000 voces y es mucho más que la suma de mil energías.

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Si los conciertos nos gustaron, más nos gustó el reencuentro con nuestros amigos de Madagascar, los voluntarios de España y otro montón de amigos que encontramos como espectadores en el concierto ¿Se puede pedir más?

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Bueno si, otro concierto en Torrelodones, mucho más íntimo y más en la esencia de la Malagasy.

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Nochebuena, Navidad, todo transcurre en un abrir y cerrar de ojos. Rehacemos las maletas, que no llegaron a deshacerse completamente en estos 15 días y nos vamos a las 9 de la mañana Carlos y Antonio nos despiden en el Aeropuerto.

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Llegamos con tres horas de antelación, pues al tener que pasar por EEUU los controles se multiplican. Facturamos, vamos a la puerta, nos anuncian retraso por niebla de tres horas y nos vamos a una sala de espera. No quitamos el ojo ni a los avisos ni a los teleindicadores. Antes de las tres horas el avión ha salido sin ningún aviso. Esto es una pesadilla. Vamos a los mostradores de Iberia, todo parece complicadísimo. Al final uno de los empleados de ventas nos ayuda un montón y conseguimos otro billete para Londres. Los otros enlaces perdidos, incluso aunque hubiéramos volado en el vuelo inicial. En Londres a las 11 de la noche nadie para atendernos. Al final un empleado de British nos entrega un folleto en el que se nos indica que podemos gastar algo en taxi, hotel y comida por nuestra cuenta y luego reclamarlo a la compañía. Total que nos acostamos a la 1 y nos levantamos a las 5. Aeropuerto de Heatrrow a las 6 y allí una larguísima cola para atender las reclamaciones por los enlaces perdidos. Varios empleados con tablets toman nota de cada uno de los que estamos en la cola. A muchos les resuelven directamente el enlace. Con nosotros no pueden porque uno de nosotros no aparece en el tablet, tenemos que esperar la cola para ser atendidos en un mostrador. Los empleados del Aeropuerto reparten agua y snacks para los que esperamos.

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Incluso han repartido por la noche aislantes y mantas para dormir en el suelo, sorprendente. Después de una cola de tres horas llegamos al mostrador. Se arregla todo y volamos a Los Angeles con British. Hemos perdido 24 horas.

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Llegada a Los Angeles y entrada a EEUU relativamente fácil, con lo pesado que suele ser, parece que las cosas se van arreglando.

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Al final el vuelo a Tahiti se retrasa un par de horas. Nochevieja en el aeropuerto. No es lo mismo que en casa, ni uvas, ni llamadas, casi nada de nada. Nosotros juntos y nada más.

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Al final sale el vuelo a Tahiti y llegamos por la mañana del día 1. Con la diferencia horaria, han transcurrido más de 60 horas desde que salimos de casa. Pero el calor tropical de Tahiti y el Hukelele del grupo que recibe a los pasajeros en el aeropuerto, nos quitan las penas y celebramos haber llegado después de tanto problema. A ver si British paga los gastos, ya os contaremos ...

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