Hemos pasado toda la noche navegando por espectaculares estrechos y seguiremos haciéndolo por el día hasta llegar al Glaciar Águila donde se desembarca. Lo malo es que no vemos nada, porque de noche es imposible y de día hemos amanecido con lluvia y niebla y está todo tapado. Vamos recorriendo un sitio fantástico del que no podemos disfrutar. Sin embargo cuando llegamos al seno Agostini, bien porque tiene otra orientación o bien porque el clima patagónico cambia muy rápido, empiezan a abrirse las nubes y empezamos a ver primero las cumbres más bajas y luego alcanzamos a ver casi todas. El clima aquí es una lotería.

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En el seno Agostini hay espectaculares glaciares que llegan al nivel del mar y también unas preciosas montañas. De los glaciares sólo veremos el Águila donde desembarcamos y a lo lejos vemos el Agostini y el Serrano que se intuyen mucho mayores. Desembarcamos, cómodamente y con mucha seguridad Risa2p, en una playa con su bosque de lengas y damos un paseo a una bahía interior donde encontramos el glaciar.

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Damos saltos de alegría Risa1p

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Además encontramos hielo para la bebida ¿Qué más pedir?

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A la salida del seno el tiempo nos regala un arco iris.

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Cuando el cielo se abre lo suficiente vemos las montañas que nos rodean. El guía nos señala la primera como el Rudolphy de poco más de 1.000 m.

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Y en segundo plano una mucho mayor de 1.746 que se llama Buckland y que mantenía su misterio entre nubes dejándose ver muy fugazmente.

Vaya sitio fantástico.

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Esa noche zarpamos hacia Punta Arenas donde fondeamos y a la mañana siguiente fuimos en una corta navegación hasta la isla Magdalena donde hay gran cantidad de aves. Entre ellas una gran colonia de pingüino de magallanes.

Se bajaron las zodiacs para desembarcar y en el último momento, cuando estábamos todos preparados para salir, nos dijeron que había muy malas condiciones y que no se podía. Desde luego que no soy un entendido de esto, pero no parecía que fuera tan complicado, las fotos muestran como estaba el mar. De hecho el barco dio una vuelta a la isla y al finalmente se embarcó a la gente en las zodiacs para ver a los pingüinos de lejos y volverse, ya que debíamos estar en puerto sobre las 11 de la mañana para desembarcar. Para mi fue frustrante y pase de dar ese paseo, no me merecía la pena.

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Finalmente llegamos a puerto en Punta Arenas, principal punto de partida de Chile para expediciones antárticas. Cerramos las maletas después de tres noches y poco más de dos días. Los trámites de aduanas un poco pesados porque los funcionarios están en huelga. La nota tonta consiste en que nos recoge un bus a pie de barco y nos lleva unos 200 m marcha atrás por el espigón del puerto hasta la aduana ‘por nuestra seguridad’ íbamos sin equipaje, por lo que me pareció verdaderamente ridículo.

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