Finalmente, después de descartar -de momento- ir a la Antártida, y como solución intermedia, decidimos contratar un crucero que vaya al Cabo de Hornos y luego a través de los senos -fiordos- chilenos hasta Punta Arenas. Encontramos un ‘último minuto’ que salía por menos de la mitad del precio habitual y nos liamos la manta a la cabeza y nos embarcamos.

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El barco es el Stella Australis, para nosotros un lujazo en comparación del ritmo de viaje que llevamos, y además la única manera de ver los lugares que vamos a visitar. Aunque te venden que son 4 días y 3 noches, realmente son 3 días, incluso siendo estrictos le faltan 5 o 6 horas para que sean tres días completos. En cualquier caso te miman un montón, pues es un hotel de lujo con pensión completa. El lado malo estriba en que los usuarios tenemos una media de edad avanzada y algunos de ellos con mala condición física o escasa habilidad para moverse. Como la consigna es de Seguridad a toda costa, los desembarcos eran algo lentos y sino dabas todos los paso que te decían o no te agarrabas a todos los brazos que te ofrecían, tenías bronca asegurada por ‘tu seguridad’. En fin un poco agobiante y para personas con facultades razonables un absoluto exceso. La tripulación encantadora y muy atenta a lo que te pudiera agradar, salvo el Capitán que leía el discurso de bienvenida (no es capaz de improvisarlo o memorizarlo después de repetirlo dos veces por semana), no fue capaz de que desembarcáramos en un punto en el que yo creía que era posible (por nuestra seguridad) y que parecía un poco ‘endiosado’. Pero la valoración global muy alta.

Embarcamos a las 6 de la tarde y se empieza con la presentación de oficiales, guías, medidas de seguridad. Nos dimos paseos por cubierta y disfrutamos de las vistas a medida que nos alejábamos del puerto.

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A la hora de cenar compartimos mesa con dos holandeses muy agradables, Robert y Elisabeth. También con dos españoles, Judith y Xavi, que son de Tarrassa y con los que seguiremos unos días después del crucero.

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Se viaja por la noche al primer destino, que es el Cabo de Hornos. Toda la navegación se hace por canales más o menos grandes y es muy tranquila, el barco casi no se mueve. Curiosamente, cuando entramos a aguas chilenas, nos aborda un barco de la policía de fronteras y hacen las formalidades de entrada al país. Llegamos como a las 6 de la mañana y enseguida se organiza el desembarco. Unos días antes no pudieron hacerlo porque los vientos eran de 130 km/h. Estamos sorprendidos por estar en este lugar del mundo y con este buen tiempo. La isla está a cargo de un militar que vive en el faro con su familia -mujer y dos hijos- es el Sargento José Aguayo que nos saluda a cada uno a medida que vamos desembarcando. Un anfitrión atento.

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En la parte alta hay un monumento que internamente tiene la silueta de un albatros. Es el ave más grande de estos mares, con una envergadura de hasta 3,5 m y que pasa 6 meses al año volando ininterrumpidamente, por lo que hasta duerme en el aire. Esta estatua está recién reconstruida por que la anterior fue destruida por el viento. Natalia, la mujer del José Aguayo, nos comenta que este invierno los vientos han superado los 210 km/h. Anfitriona atenta y agradable, nos comenta lo que supone vivir aquí. Residen durante un año que para ellos terminará dentro de un mes. Entre otras exigencias, deben operarse todos de apendicitis para evitar esta posible emergencia médica. Viven en un lugar en el que un rescate puede demorarse muchos días. Hace falta una buena preparación física y psicológica. Ella comenta que es una buena experiencia y que los hijos la están disfrutando mucho. Como dice la canción de Rosendo: Maneras de vivir ...

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El faro fue inaugurado en 1891 y junto a una capilla y el monumento, son casi las únicas construcciones existentes. Nos llama la atención la poca vida que vemos, una pequeña colonia de lobos marinos y muy pocas aves. Debe ser un lugar realmente inhóspito la mayor parte del tiempo. Desde luego hoy hemos tenido suerte con el clima.

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En cualquier caso el ambiente formidable. En cuanto al barco, tienen bien organizado el movimiento de pasajeros y cómodas pasarelas para un desembarco en el que no se moje nadie. Si el punto de desembarco no la tiene, como ocurre en algún destino, ellos la desembarcan y la instalan en las playas.

El siguiente destino es la Caleta de Wulaia. Está en una bahía en la que desembarcó Charles Darwin. La describe como una zona con una importante población de nativos ‘Yamanas’ lamentablemente solo sobrevive una mujer de más de 80 años de esta etnia. Parece que los problemas para los nativos eran cosa del siglo XVI, pero es un problema actualmente vigente donde todavía hay zonas en las que son perseguidos y diezmados por violencia directa, intereses por sus tierras o por enfermedades a las que no son resistentes. Una de las organizaciones que tiene mejor analizada esta problemática es http://survival.es.

En cualquier caso la zona de la bahía es un compendio de esta zona sur de la Patagonia: Senos (la forma en que aquí se denomina los fiordos), escarpadas montañas, nieve en las cumbres y espesos bosques de lengas que empiezan desde la playa. En el barco nos dividen en tres grupos, uno suave que pasea por la playa, otro de nivel alto que sube a un mirador y otro ‘extremo’ que era un recorrido de unos 4 km con un desnivel de 180 m. En fin, que el concepto de ‘extremo’ es mucho más flexible de lo que pensaba Risa1p

En cualquier caso se trataba de una subida no muy larga por un sendero embarrado y en alguna zona bastante resbaladizo que nos permitió tener unas bonitas vistas de la bahía y volver a ver el efecto de los castores en el ambiente patagónico. Encontramos algunas zonas deforestadas, y nos comentan que antes de ser Parque Nacional, algunos ganaderos habían quemado el bosque hace decenas de años. Pero como las condiciones patagónicas son muy duras, todavía no se han cubierto de bosque las zonas quemadas.

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A la vuelta continuamos una plácida navegación salvo durante 15 minutos en los que salimos a mar abierto. Nueva cena y foto, esta vez con Cristian que era nuestro camarero, que nos cuidaba muy bién Risa2p

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