Nuestra idea desde Copan era ir a Tegucigalpa, solicitamos couchsurfing (Alojamiento gratuito en casa de algún miembro de esta Comunidad) y nos aceptó Jorge, que tiene un Hotel en el que acoge a couchsurfers en Zambrano, un pueblo situado a 30 km de Tegucigalpa. En Copan Ruinas tomamos un pequeño bus, que como en todos los países de la zona lleva un conductor y un acompañante que se encarga de atar el equipaje arriba, vocear por todos los sitios anunciando el destino del bus y en este caso pelearse con los mozos de otros buses para conseguir los pasajeros. Nunca hemos visto una cosa igual.

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En las siguientes fotos, en la tercera, casi rompen el asa de una maleta para conseguir meterla en el bus.

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También durante el trayecto se subió un niño a pedir dinero para ayudar a pagar la operación de su hermano, que necesita un transplante de riñón y la sanidad pública no lo hace de forma gratuita. Consulté al conductor si la historia que contaba era cierta y me dijo que si lo era.

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Finalmente llegamos a San Pedro Sula. Aquí debemos cambiar de bus y decidimos tomar un taxi para dar una vuelta por la ciudad y verla por encima.

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Vamos bastante condicionados por la violencia. San Pedro Sula lleva años anclada entre los 5 primeros puestos de las ciudades más peligrosas del mundo. En la estación de autobuses tomamos un taxi para dar una vuelta de una hora por la ciudad. El chófer es un ex-obrero de la construcción y no está muy suelto en esto de enseñar la ciudad. Al primer sitio que nos intenta llevar es al mirador cocacola, que es un lugar en una montaña cercana con un anuncio de dicha bebida y desde el que se domina la ciudad. Unos guardas armados nos impiden el paso y dicen que es necesario un permiso municipal. Renunciamos. Recorremos las calles céntricas. El aspecto es similar al de muchas de las ciudades que hemos recorrido, un barrio de bonitos chalets limpio y ordenado donde vive la gente de dinero y una zona centro más sucia y desordenada con unos tremendos líos de cables sobre los postes eléctricos. Por lo demás nada indica el problema que se vive aquí, las calles están llenas de gente ocupadas en sus quehaceres normales.

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El taxista nos explica que era una ciudad tranquila y que poco a poco, pero especialmente desde hace 10 años fueron llegando jóvenes hondureños deportados myoritariamente de la zona de Los Ángeles. Eran jóvenes que formaban parte de pandillas armadas y que llegaron a una ciudad sin un cuerpo policial fuerte y muy corrupto. Se organizaron en bandas de estilo mafioso, las maras, que extorsionan a cualquier negocio de su zona para venderles ‘seguridad’, tiendas, taxistas, propietarios de casas con buen aspecto, … todos deben pagarles. Además se compinchan con parte de la policía que recibe un porcentaje de ese dinero. La mayoría de los muertos se producen en choques entre las maras por ganar territorio o porque un miembro de una mara entra en territorio ‘enemigo’. El otro día leímos que en una ciudad, que ahora no recuerdo, que un joven se quedó dormido en un bus y se pasó de barrio. Al llegar a otro barrio simple y llanamente se lo cargaron. Una auténtica locura. A este tipo de experiencias las llamamos la ‘cara B’ de los viajes, te hacen dudar de la racionalidad del ser humano. No obstante, la mayoría de la gente con la que nos encontramos es sencilla y agradable que se ve inmersa en estas situaciones extremas y que las sobrelleva como puede.