Hoy toca excursión al Volcán Pacaya. Queremos empezar a subir montes para estar más en forma a la llegada a los Andes. Además al Pacaya subimos en el 2000 y pudimos entrar al cráter donde había rocas incandescentes. Ahora está más activo y no se puede entrar al cráter. Además tuvo una gran explosión en el 2010 y otra en el 14. Esta última partió un borde del cráter y generó un río de lava de varios cientos de metros. Queremos ver cómo ha cambiado.

Vista del volcán y la fumarola que sale del cráter.

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Al lado contrario podemos ver en primer plano al volcán de agua.

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Entrando al parque y primeros pasos.

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Otra vez el volcán de agua.

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La cumbre se va viendo cada vez más cerca.

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Prohibido subir al cráter. Nos mantendremos a un metro de distancia del cráter para que no nos digan nada.

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Ya muy cerca de la cumbre.

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Hasta que llegamos.

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Salen fumarolas de múltiples sitios. Hay un fuerte olor sulfuroso a nuestro alrededor.

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El viento nos mueve.

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Pero al mal tiempo, buena cara.

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Las vistas impresionan.

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Por un momento vimos un cono volcánico dentro del cráter que enviaba gases a gran presión.

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Después de una explosión en el cráter, que subiré en video cuando pueda, tiramos hacia abajo.

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La naturaleza reconquista su espacio. Resistencia y belleza.

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Y continuamente nos sorprende el contraste entre el gris de la ceniza y el verde de la zona.

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Casi al final, Luisa de Jesús, trabajadora del parque y habitante de San Francisco de Sales, donde comienza el camino de subida, nos cuenta como fue la gran explosión del 27 de mayo del 2010.

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El volcán tenía mucha actividad y de repente se paró. Estuvo así un tiempo, y sobre las 18:30 estalló con un enorme estruendo y comenzó la lluvia de ceniza (fina como la arena de río) y bloques de roca basáltica grandes. Luisa salió corriendo a soltar a los animales. Si tenían que morir, que fuera libres y no atados. Llegó corriendo a casa en medio de la caída de material volcánico. Entró a la casa y se metió debajo de la mesa. Los bloques de piedra rompieron prácticamente todos los tejados del pueblo, que suelen ser de chapa ondulada, y como caían incandescentes quemaron múltiples casas, la suerte fue una recia lluvia que cayó en esos momentos. De los 18 animales que tenía sólo murieron 3. Es sorprendente que en cuanto a desgracias personales sólo muriese un periodista que estaba cerca del cráter.

Da idea de la magnitud de la explosión que durante 5 días el aeropuerto internacional de Ciudad de Guatemala, que dista más de 40 km, estuvo cerrado por la capa de ceniza de varios centímetro que cubría las pistas y al resto de la ciudad.

Nos impresiona oír su largo relato de primera mano. El miedo sufrido durante los 45 minutos que duró la erupción y la expulsión de los bloques de basalto y otras rocas. Desde luego hoy entra en la lista de días extraordinarios.