Cada isla es un descubrimiento de cosas nuevas y también un conjunto de elementos comunes. Aguas transparentes, pequeños pueblos blancos y azules, pequeñas ermitas, gente amable y cansada de hacer mucho y recibir poco y una comida mediterránea que después de estar meses en Asia agradecemos muchísimo. Llegamos a Milos en un ferry de la empresa Zante Ferries. Entre las islas hay mucho tráfico de ferries, todas son compañías privadas, pero siempre hay al menos una en cada trayecto subvencionada por el estado. Los trayectos privados son en barcos rápidos que suelen ir directos. Los trayectos subvencionados se realizan con barcos más lentos y que pueden parar en muchas islas antes de llegar al destino. No obstante la diferencia de precio es sustancial. El puerto de ferries está en el pueblo de Adamas, donde nos alojamos en una agradable habitación de Airbnb. Lo primero que hicimos fue alquilarnos una moto que es la mejor manera de recorrer la isla por cuenta propia.

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Lo especial de Milos es una costa que presenta en algunas zonas una roca blanca con fantásticas formaciones de formas caprichosas. Resultan ser tobas volcánicas blancas consolidadas y duras que generan un paisaje especial. Alguien nos llegó a asegurar que se trataba de las cenizas de la explosión de Santorini, no pudimos confirmarlo. Una de las playas más emblemáticas de este tipo es la de Sarakiniko que nos sorprendió por su color y por sus formas.

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Desde allí pasamos a otra ‘playa’ llamada Papafragas . Tiene apenas unos metros de ancho porque es una lengua de mar cerrada entre altas paredes. El agua entra a través de una estrecha cueva. Además el acceso es a través de pasos bastante precario. El premio fue disfrutarla en solitario.

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Luego continuamos hacia el puerto de Pollonia, en un extremo de la isla. Hay muchas casas nuevas que tienen todo el aspecto de estar dedicadas al turismo. No obstante el ambiente que se respira es muy tranquilo. Bonito lugar.

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Después de alguna visita más, subimos hacia el pueblo de Plaka que es la capital de la isla. El pueblo se extiende al pie de una colina en cuya cumbre hay una ermita, aunque llaman castillo a esta zona, que es un mirador privilegiado para ver la puesta de sol. No pudimos ver la puesta completa porque este día las nubes cubrieron el horizonte.

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Plaka tiene el encanto de tantos pueblos griegos. Casas encaladas con puertas y ventanas azules. Calles empedradas, limpio, bien cuidado y restaurantes deliciosos ¡Que maravilla!

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El día siguiente seguimos dando vueltas por la isla. El tener alquilada una moto es asequible y te da independencia para moverte por todos los lados. Hoy visitamos Tsigrado, una pequeña playa de arena fina, las aguas azules y verdes del mar Egeo y un acceso divertido.

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Como no somos de estar todo el día tumbados en un sitio, seguimos visitando otros lugares de la isla, básicamente otras playas. Esta vez fuimos a Firiplaka que está muy cerca. Aquí el acceso es sencillo y había bastante gente, en julio y agosto se debe poner a tope. Nosotros paseamos durante medio kilómetro hacia el oeste. La playa deja de ser de arena fina, pero a cambio paseamos bajo unos acantilados de piedra de muchos colores. Blancos, ocres, verdes son una muestra de la riqueza mineral de la isla que está llena de explotaciones mineras por todos los sitios.

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También visitamos la playa de Paleochori, que es una de las más turísticas de la isla pero lo único que nos llamó la atención fue encontrar un restaurante en el cocinaban con el calor interno de la tierra (volcano food) y de allí saltamos a Thiorixia, una playa remota caracterizada por estar al pie de un complejo minero de azufre. Dada su lejanía estaba casi vacía y eran visibles las instalaciones mineras abandonadas. Lugar magnífico para los buscadores de tranquilidad.

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Volvimos otra vez hacia la zona de plaka. Allí visitamos Mandrakia que es una pequeña aldea de pescadores y desde la que se divisaba el castillo de Plaka. De hecho fue la vista del lugar que observamos desde el castro la que nos llevó a visitar esta zona de la isla. Recorrimos esta zona de la isla donde se alternan pequeñas playas y altos acantilados.

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Finalmente nos fuimos a Klima, un pueblo de pescadores al Oeste de Plaka, donde paseamos por su casi única calle con las coloridas casas de los pescadores asomadas al mar y sus ‘sirmata’ que son locales donde se guardan las pequeñas embarcaciones de pesca. El paseo entre las casas y el mar se cubre de agua con las pequeñas olas que hay. No se qué ocurrirá en días de tormenta.

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En cualquier caso es un lugar bello, apacible y con un restaurante asomado al mar desde el que puedes tomarte algo mientras disfrutas de la espectacular puesta de Sol, que esta vez no velaba ninguna nube.

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El tercer y último día en Milos lo dedicamos a visitar unos acantilados accesibles sólo desde el mar, es la zona de Kleftiko. Encontramos tours que salían de Adamas, pero eran caros entre 60 y 70 €. Duraban todo el día y no teníamos ese tiempo disponible. Cerca de la playa de Provatas tiene su base el barco Zephiros, que por 27 € hacía el recorrido en medio día. Fue la elección que hicimos, salimos sobre las 10 de la mañana con un viento tremendo y no pudimos hacer la primera parada prevista en la playa de Gerontas por estar muy expuesta a ese viento.

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Sin embargo Kleftiko se encontraba a sotavento y lo pudimos visitar y disfrutar sin problemas. Primero hicimos un recorrido de la zona a nado con las aletas y gafas que nos dejaron en el barco y luego con una zodiac, lo que nos permitió sacar fotografías de la zona. Las típicas aguas verdes del egeo con unos acantilados e islotes muy bonitos. Una mañana disfrutona.

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Finalmente esa tarde tomamos el ferry desde Adamas con destino a la isla de Paros. Despedida de la ciudad en la que pasamos tres noches y de paisajes que íbamos reconociendo a medida que rodeábamos la isla hacia nuestro nuevo destino. En primer lugar divisamos el colorido puerto de Klima a nivel de la costa con Plaka destacando por encima. En la última foto se ve Plaka y la colina con la ermita/castillo en lo alto.

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