Desde Cihichen Itzá fuimos directamente a Tulum, allí nos encontramos con Loli y Miguel que nos dieron doble alegría, su presencia, y los encargos que les hicimos. Visita breve pero alegre e intensa.

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En Tulum los alojamientos son o muy caros o caros y muy cutres, esta vez nos tocó el caro y muy cutre, menos mal que sólo era una noche. Dormimos en nuestra cabañita con un calor de justicia y un montón de amiguitos artrópodos que quisieron hacernos compañía.

La playa preciosa. Tal y como se ve en las fotos. Los puntitos que se ven en el cielo, son estrellas, pues las fotos están hechas a medianoche con luna llena. Félix hasta se bañó. Las cámaras de fotos modernas no dejan de sorprendernos, era noche completa.

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Intentamos ir a ver las ruinas, pero como no madrugamos suficiente, cuando estábamos en la entrada hacía un montón de calor y había mucha gente, así que salimos rumbo hacia el sur, a lo que nos han dicho que es el Caribe mexicano auténtico. Recalamos en Mahahual, un pueblito con una bonita playa con chiringuitos y restaurantes asomados al mar y la tranquilidad que han perdido las localidades del norte.

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Allí nos ponemos en contacto con Chano, otro español emigrado a estas tierras y con un montón de historia detrás, como muchos de los españoles que encontramos en estos sitios remotos. Nos pone al día de las actividades que se pueden hacer y, salvo el buceo, las hacemos por nuestra cuenta.

Empezamos visitando Bacalar un pueblo que está más al sur y del que destacan su cenote azul, la laguna 7 colores y una fortaleza.

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La laguna la recorrimos en barco y no era tan colorida porque estaba muy nublado después del tormentón que nos cayó encima, pero aún así era muy bonita.

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Para los de ciencias tenemos unos bonitos estromatolitos en esta foto.

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La fortaleza.

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El siguiente día fue de relax y descanso donde conocimos gente interesante, como a Fernando, que bucea en lagunas de altura, habiendo sido recordman mundial en varias ocasiones y que tiene su récord en una laguna a más de 5.900 m de altitud. El siguiente día fuimos a hacer un par de inmersiones muy especiales en un lugar (no llega a ser pueblo siquiera) llamado Xcalak, que dista solamente 8 km de Belice, y que cuenta con una zona en la que es frecuente encontrarse con un gran banco de sábalos reales (Megalops atlanticus, tarpons en inglés) que pueden llegar a pesar 160 Kg y tener hasta dos metros de longitud. Además no se van con la llegada de buceadores, por lo que se puede disfrutar de estar entre ellos sin que apenas se muevan. Han sido dos inmersiones curiosas (porque quisimos repetir) que hemos disfrutado mucho.

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Los Ibéricos Alomar en cualquier rincón del mundo.

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A la vuelta a Mahahual pinchazo en una tórrida y solitaria carretera.

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Al final la cosa se complicó y hubo que sudar la camiseta echando una mano.

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La inmersión fue organizada por Pepe Dive. Son muy eficaces y además muy próximos. Te ayudan en un montón de ámbitos dando buen servicio, pero en cuanto a precios están por encima de lo razonable. En este caso cobraban 130€ por las inmersiones, que ya estaban bien cobradas para ser México, había una ruta en coche de 60 Km, pero el recorrido en barco era apenas de 200 m. Lo que no nos gustó es que a ese precio le añadieran 10€ de alquiler de Jacket y otros 10€ de regulador. Creo que van más allá de lo razonable, después de lo que había sido una buena experiencia, nos dejó un poco de mal sabor de boca.

Desde Mahahual partimos hacia Xpujil en medio de lo que los mexicanos dicen que es la mayor reserva de la biosfera del mundo después de la Amazonia. Este hotel está cerca de la zona arqueológica de Calakmul, una gran ciudad descubierta y rehabilitada recientemente.

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En el camino de acceso descubrimos que los pavos reales no son solo animales ornamentales en nuestros parques, sino que también viven salvajes en estas tierras.

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Debido a lo remoto de su ubicación y a que se ha restaurado con una intervención menos agresiva, esta ciudad tiene un aspecto muy diferente a otras ciudades. Su recorrido es más largo, 4 o 5 horas bajo un sol de justicia y más mosquitos de lo que se considera cortés. La vegetación que rodea y que incluso crece en las propias ruinas le dan un aspecto especial y para nosotros muy interesante.

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San Francisco de Campeche es la última etapa en la península del Yucatan.

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Una bella ciudad de estilo colonial rodeada por una gran muralla.

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Porque los piratas ‘malos’ la saquearon varias veces.

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Lo cierto es que en el último ataque, antes de construir la muralla, el pirata ‘Laurencito’ mató a dos tercios de la población, la saqueó entera y destrozó las ventanas y puertas de muchas de las casas, para hacer mucho más cara la reconstrucción.

A pesar de tanto daño, sus habitantes son especialmente sencillos y cordiales, que no imponen distancia en el trato, en fin que son muy ‘campechanos’ como mi buen amigo Don Gustavo.

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Ahora es una ciudad limpia y muy bien conservada que además dicen que es la más segura de México y con unas preciosas casas coloniales.

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Además de disponer de unas ‘lindas mariachis’.

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Y unos brillantes arcoiris que teníamos a diario después de buenos chaparrones que llegaban puntuales a media tarde.

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