En otro narigudo subimos de Nagasaki a Hiroshima.

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Esta vez nos alojamos en un apartamento de Airbnb que tienen bicicletas a disposición de los huéspedes. Como llegamos pronto decidimos ir hacia la zona del Parque de la Paz, pues hace buena tarde y el pronóstico para mañana es de lluvia. La ciudad está en plena floración y los locales celebran botellón, perdón Hanami. Se reúnen familias, amigos o compañeros de trabajo indistintamente. Nos cuesta encontrar algo similar en España, que sea llevado a cabo de manera tan unánime, quizás las uvas de nochevieja y poco más.

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En la zona cero de la bomba atómica está el Parque de la Paz, similar al de Nagasaki y con un icono de la explosión que es la Cúpula de Conmemoración de la Paz, un antiguo edificio administrativo que estaba casi bajo la vertical de la explosión de la bomba y cuyas paredes y estructura de la cúpula aguantaron la deflagración. Hubo un momento en que se planteó su derribo pero al final se ha mantenido en pie (reforzando sus paredes interiormente) como recuerdo permanente de la tragedia.

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En el parque hay diferentes monumentos.

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El Museo de la Paz, precedido por una llama que se encendió en 1994 y un monumento ondulado, el Cenotafio Conmemorativo, que contiene el nombre de más de 200.000 personas que han muerto como consecuencia de la bomba.

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Cuando nos vamos de la zona, el Hanami sigue en su apogeo.

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Nos han dicho que una de las especialidades culinarias de Hiroshima es el okonomiyaki, que es un plato en el que la base son unos espaguetis sobre los que se coloca carne o pescado y multitud de vegetales y condimentos además de un huevo. Lo curioso es que en los restaurantes especializados la barra es una enorme plancha que va de un extremo a otro, más una pequeña parte de madera donde se colocan la bebida y alimentos. Curioso y sabroso.

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Al día siguiente volvemos al mismo lugar donde hemos quedado con Francis y dos amigas suyas, María y Pilar.

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Francis nos ha traído un montón de cosas que la habíamos pedido. Además casi nos encontramos en Costa Rica, ella estaba en el aeropuerto y nosotros pasamos por delante en un bus de línea que no paraba allí. Además es encantadora, muchas gracias por todo. Nos ha traído, entre las cosas que le hemos pedido, una nueva cámara. La mía está hecha polvo después de tanto trote, golpeada, con la pantalla inservible, … Uso una cámara compacta de Sony que da muy buena calidad, la llevo en el bolsillo del pantalón, pero es más frágil de lo que yo soy capaz de manejar. Espero ser capaz de tratar mejor a ésta nueva cámara. Visitamos el Museo de la Paz. Lo primero que vemos (en un edificio anexo) es una imagen de 360º del estado en que quedó la ciudad. Ya dentro del museo se muestra una maqueta en la que se ve la destrucción causada y una esfera roja que representa la bola de fuego generada en las primeras centésimas de segundo después de detonar la bomba.

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Se muestran un montón de objetos, entre ellos una maqueta a escala 1:1 de ’little boy’ la bomba de uranio utilizada. También unas botellas de vidrio prácticamente fundidas en un amasijo de cristal por la rápida pero brutal ola de calor generada.

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Otra vez decenas de historias causadas por la bola de radiación y fuego. Miles de grullas en papel tejidas con su lista de deseos. Una de las historias es la de la niña a la que se dedicó un monumento en el Parque de la Paz, que contaba con 2 años el día de la explosión y que creció aparentemente sana. 10 años más tarde desarrolló una leucemia de la que no la salvaron las más de 1.000 grullas que consiguió plegar durante su convalecencia.

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Todo ello junto a decenas de monumentos conmemorativos.

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Mientras tanto la naturaleza sigue su curso, ajena a lo ocurrido, con un magnífico florecimiento de los cerezos al igual que estos niños de escuela paseando por el parque.

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Desde aquí nos vamos hacia la isla de Miyajima, próxima a Hiroshima, que tiene el templo de Itsukushima que queremos visitar. Para ello tomamos el ferry que está incluido en el JR Pass y vamos hacia allá. Nada más desembarcar encontramos que los ciervos se han acostumbrado a estar entre la gente y a alimentarse de lo que se les da, que normalmente no es lo más adecuado. No deja de ser una sensación muy agradable que animales salvajes se aproximen a ti …

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... o a la tienda más próxima Risa1p

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Lo que no sabíamos es que también les gusta la playa.

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El icono del templo es el Tori que tiene enfrente, cimentado en el mar.

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Lástima de día de lluvia, seguro que el sol resaltaba mejor los colores del templo. También los de la Pagoda Taho-To

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La floración está en su apogeo, eso nos hizo disfrutar más el lugar.

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Cada vez entendemos más la pasión que sienten la mayoría de los japoneses por la sakura, la época de la floración de los cerezos y árboles similares.