Partimos hacia Nagasaki en otro Shinkansen ‘narigudo’ donde vivimos nuestro propia aventura/desastre. La cuento para ilustrar como son los japoneses y como funcionan los trenes allí.

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Hasta Nagasaki no llegan los trenes de alta velocidad, por lo que hay que cambiar de tren cuando estemos relativamente cerca. En nuestro caso tenemos que cambiar en la estación de Shin-Tosu que se encuentra a unos 120 Km de esta ciudad. Pero una estación antes, en Fukuoka vemos que la mayoría de los pasajeros extranjeros se levantan. Le pregunto a uno y me dice que van a Nagasaki, que en esta estación cambian a otro tren con el que llegarán casi una hora antes que nosotros. Le propongo a Auxi bajarnos aquí y perder la reserva para el otro tren y ella, resignada porque no lo veía claro acepta. A toda prisa recogemos equipaje y nuestras cosas y nos bajamos. Camino del otro tren me doy cuenta de que me he dejado la cámara de fotos en la repisa al lado de la ventana. Tierra trágame. ¿Qué hacemos ahora?. Nos vamos a la oficina de objetos perdidos y contamos el problema. Allí todo el mundo da por sentado que nadie tocará la cámara hasta destino, en cualquier caso llaman al tren y avisan al revisor para que la localice. Ellos me explican que cuando el tren llegue a la última estación, Kagoshima a casi 300 km, la llevarán a objetos perdidos y desde allí me la harán llegar al hotel en el que estemos al día siguiente. Simplemente deberemos pagar una tasa por la entrega. El caso es que tememos que si hay algún retraso de solo día ya no estaremos en el hotel. Además estoy sin cámara cosa que me molesta mucho. Preguntamos si podemos ir allí a recogerla en objetos perdidos. Responden que claro que si, pero que me pase por esta oficina en hora y media, que ya habrá llegado el tren y poder asegurarnos de que la cámara se encuentra allí. Aprovechamos para comer y pasar un poco el tiempo y al volver a la oficina, efectivamente tienen la cámara. Miramos cual es el siguiente tren, reservamos asiento y nos presentamos en el lugar en hora y media. Recuperamos la cámara, bendita cultura japonesa en la que los robos son muy raros y bendita eficiencia. Tomamos el siguiente tren, que nos da a tiempo a reservar asiento a sólo tres minutos de su salida, vuelta a Shin-Tosu, tomamos el tren a Nagasaki, bueno no, tomamos otro, resulta que nos equivocamos de tren. No miramos si era exactamente la hora y tomamos el que pasaba unos minutos antes y que no llegaba a nuestro destino. Afortunadamente este tren para en una estación en la que si podemos coger otro para Nagasaki. En fin hoy no es nuestro día, o si quien sabe Risa1p al final conseguimos llegar a Nagasaki 4 horas después de lo previsto. Bendito JR Pass que nos ha permitido hacer todo esto y vaya cantidad de trenes y organización que tiene el país, una auténtica maravilla.

En fin, recuperados del susto al día siguiente vamos del hotel al Parque de la Paz de Nagasaki. Para ello paseamos al lado del puerto de la ciudad hasta la estación de tren y desde allí en solo una estación nos plantamos en el parque.

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En este parque hay múltiples monumentos y dos edificios, el Museo de la Bomba Atómica, que visitaremos en segundo lugar y el Salón Nacional de la Paz y la Memoria por las Víctimas de la Bomba Atómica. El edificio cuenta con varias salas, en una de ellas muestran continuamente las fotos que se pudieron recuperar de las víctimas de la bomba. La sala principal muestra 12 columnas y al final de ellas en unos estantes están montones de hojas donde se han recopilado los nombres de las víctimas. El ambiente y toda la historia nos conmueven profundamente.

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En estas salas aparecen colgadas un montón de ‘grullas’ realizadas en papel plegado (papiroflexia u origami en japonés).

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Hay una leyenda japonesa que dice que los dioses cumplirán con tu deseo si haces mil grullas de papel. Aquí representan el deseo de la paz mundial. En este edificio hay hojas con las instrucciones de como hacerlas y papel de colores disponible. Después de muchos intentos y sin ayuda externa plegamos nuestras dos grullas.

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Pasamos al Museo de la Bomba Atómica, en este hay que pagar entrada, y se baja por una rampa empinada en la que aparecen diferentes años desde la actualidad hasta 1945 año de la explosión. A partir de ahí se muestra la ciudad antes de la bomba, los daños causados, información sobre la bomba y la situación actual en cuanto al armamento nuclear en el mundo y sobre como se ha ido desarrollando.

Es impresionante. Creo que todo el mundo debería verlo. Apenas tomé fotos. Una maqueta a escala 1:1 de como estaba construida la bomba de plutonio (apodada Fat Boy) que se arrojó a la ciudad, y otra de unas gafas en las que los bordes de los cristales se han derretido.

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La bomba fue arrojada el 9 de agosto de 1945 a las 11:01. Muchos relojes se pararon a esa hora. La bomba detonó a una altura de algo menos de 500 m, explotando en altura causaría mayores daños. La explosión resultante tuvo una detonación equivalente a 22 kilotones y generó una temperatura estimada de 3900 grados Celsius y vientos de 1005 km/h.

Se estima que inmediatamente fallecieron entre 35 000 y 40 000 personas, mientras que el total de decesos se supone que oscila entre 60 000 y 80 000. Una de las circunstancias del ataque es notable. Nagasaki era el objetivo secundario. El objetivo principal era la ciudad de Kokura, pero después de que el avión que portaba la bomba diera varias vueltas, desistió por estar la ciudad cubierta de nubes y no poder divisar el punto de lanzamiento. Se dirigió a Nagasaki que también estaba cubierta, y ya en la última vuelta, antes de renunciar por estar bajo de combustible, se abrió un claro que permitió el lanzamiento.

En el museo aparecían múltiples historias, una de las que más me emocionó es la relacionada con la foto siguiente.

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La foto fue realizada por Joe O’Donnell, enviado por el ejército americano para documentar los daños de la bomba. El relata la siguiente historia de esa foto:

“Cuando llegué a Nagasaki desde Sasebo, miré abajo a la ciudad desde la cima de una pequeña colina. Vi a unos hombres que llevaban una mascarilla blanca. Trabajaban cerca de una zanja llena de carbón ardiendo.

Vi a este niño que caminaba, tendría alrededor de 10 años. Me di cuenta de que llevaba un niño sobre sus hombros. En aquellos días, era una escena bastante común de ver en Japón, a menudo cruzábamos niños jugando con sus hermanos y hermanas llevándolos sobre sus hombros. Pero este niño tenía algo diferente. Yo vi que él había venido a este lugar por una razón muy seria ya que el no tenía sus zapatos puestos y su rostro estaba fijo, mientras que la cabecita del bebe estaba tirada hacia atrás, como si estuviera durmiendo.

El niño se quedo ahí de pie por mas o menos 10 minutos. Luego, hombres con mascaras blancas se acercaron a él y en silencio comenzaron a quitarle las cuerdas que sostenían al bebe. Ahí fue cuando me di cuenta que el bebe ya estaba muerto. Los hombres tomaron el cuerpo por manos y pies y lo colocaron suavemente en el fuego.

El cuerpo del niño emitió un silbido cuando fue colocado en el fuego. Entonces se encendió con brillantes llamas como el rojo intenso de la puesta de sol. Todo el rato el niño se quedo ahí parado sin moverse viendo las llamas. Vi que el se estaba mordiendo el labio con tanta fuerza que le comenzó a salir sangre. Luego las llamas se fueron acabando poco a poco de la misma forma en que el sol se escondía esa tarde. Al final, el niño giró y se fue en silencio."

Impresionante. La última sala relata la evolución del armamento nuclear, mostrando su aumento década a década y con reproducciones a escala de las armas nucleares. Cerca de 20.000 armas nucleares descansan en sus silos amenazándonos a todos.

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Salimos del museo y encontramos el monumento que indica el lugar sobre el punto denominado hipocentro, aunque este término en castellano se usa exclusivamente para indicar el punto bajo tierra donde se genera un terremoto.

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A continuación se encuentra el Parque de la Paz. Allí hay gran cantidad de monumentos donados por muchos países en recuerdo de la tragedia.

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Destacan la Estatua de la Paz de Seibo Kitamura de enormes dimensiones y la Fuente de la Paz.

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Parece mentira que ahora todo luzca tan brillante y vital. Las previsiones iniciales eran que la zona sería inhabitable durante más de 70 años. Afortunadamente esas previsiones eran erróneas y hoy en día tanto Nagasaki como Hiroshima son dos de las ciudades más volcadas en difundir la idea de la paz en el mundo. Esperemos que las miles de grullas plegadas por personas de todo el mundo ayuden a conseguirla.

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